La emotiva despedida a ‘Chicho’, el chofer de la línea 216 que se jubiló tras 30 años al volante

La emotiva despedida a ‘Chicho’, el chofer de la línea 216 que se jubiló tras 30 años al volante

Tres momentos de la despedida de Chicho: momentos antes de llegar a la terminal, bañado en espuma y el beso de su mujer

Orlando pidió que su nombre apenas se mencionara de pasada. “Es que todo el mundo me conoce como ‘Chicho’”, le explica al reportero de Primer Plano Online que lo entrevistó. Y así se respetará en este artículo, que pretende completar el homenaje que le rindieron sus compañeros de trabajo para su impecable trayectoria en la Empresa 216 y, sobre todo, su don de gentes.

Cuando llegó a la terminal de Donato Álvarez 139, en Morón, lo esperaba una multitud, entre fuegos artificiales y espuma. “Esta es una de las cosas que hicieron las seis ruedas con nosotros: conocer gente buena”, le dijo Franco, delegado obrero y uno de los artífices de la mudanza. para despedir al que definió como “un trabajador ejemplar” en diálogo con este medio.

Tras la emoción, que finalizó con un beso de su mujer, invitada de gala al término de esta etapa que duró 30 años en la empresa de transporte más importante del Conurbano en número de empleados, ya que emplea a 1.800 personas, ‘Chicho’ agradeció al cuerpo de delegados el homenaje recibido y la placa que le entregaron a modo de evocación.

“Siempre frente al interno 243 en todos los recorridos que ordenaba la empresa. Nunca estuve ausente, nunca una carpeta médica, nunca un choque. La verdad es que me voy con la satisfacción de haber cumplido con mi deber”, resumió el conductor. después de compartir un almuerzo con esa enorme familia que hoy deja de ver todos los días.

Chicho junto a Franco, uno de los delegados e ideólogo de la sorpresa para despedir su paso por la empresa

‘Chicho’ advirtió, en cualquier caso, que tiene planes y que no piensa llevar una vida retirada. “No me voy a quedar en casa, voy a seguir haciendo cosas”, dijo ante la pregunta de Primer Plano Online. Es vecino de Rafael Castillo, en La Matanza, y como su mujer también trabaja, aprovechará unas semanas para descansar y luego ponerse manos a la obra en otros proyectos.

De fondo sonaba “Oye, oye, oye, oye, Chicho, Chicho” que sus compañeros cantaron mientras lo abrazaban y le pedían cuidar juntos tantas emociones. En su último día empezó a las tres de la mañana y le picó un poco la barriga cuando tuvo claro que era su último día. O el comienzo de una nueva etapa en su vida, que apenas cumple 57 años.

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